¿Como cruzaron los israelitas el Mar Rojo? - theblackrose17

¿Como cruzaron los israelitas el Mar Rojo?

De todas las historias del Antiguo Testamento, la más conocida es sin duda la del éxodo. Ésta cuenta cómo los israelitas lograron escapar de Egipto bajo la guía de Moisés, mientras el faraón y su ejército trataban inútilmente de alcanzarlos. Algunos la conocen por haberla leído en la Biblia. Otros, por haberla aprendido en el catecismo. Pero ha sido Hollywood quien la ha inmortalizado en la célebre escena de la película "Los Diez Mandamientos", en la que un impecable Charlton Heston (en el papel de Moisés) logra con su bastón abrir espectacularmente las aguas del Mar Rojo, y formar con ellas dos inmensos diques a ambos lados para que los hebreos puedan huir de sus perseguidores egipcios.

Este suceso es considerado por los israelitas como el acontecimiento más importante de toda su historia, ya que a partir de ese momento Israel habría comenzado a existir como pueblo. Fue su "día de nacimiento". Y el recuerdo de este episodio se volvió tan importante para el pueblo judío, que todo padre de familia debía enseñar a su hijo desde pequeño a repetir: "Nosotros éramos esclavos del faraón en Egipto, y Dios nos sacó de allí con gran poder" (Dt 6,21); "Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y esclavizaron. Pero clamamos a Dios, y Él nos escuchó y nos sacó de Egipto con su poder, haciendo cosas extraordinarias" (Dt 26,6-8).

Por eso la narración de la huida de Egipto, que se encuentra en el libro del Éxodo 13-15, es el centro de todo el Antiguo Testamento.

La segunda versión del éxodo es más amplia y con más detalles. Cuenta que cuando el faraón persiguió a los israelitas, éstos se rebelaron contra Moisés; pero él les dijo que se quedaran donde estaban y que miraran (Ex 14,10-14). Entonces, en medio de la noche, comenzó a soplar un fuerte viento del este que secó el mar (que ellos, de alguna manera ya habían vadeado y habían dejado atrás)(Ex 14,21b). Los egipcios, despreocupados, instalaron su campamento en la zona donde el agua había desaparecido. A la madrugada, antes de que éstos atacaran, Dios, desde la columna de fuego y de nube, provocó una inundación en el campamento egipcio y sembró la confusión en su ejército. Las ruedas de los carros se vieron frenadas por el barro, y no pudieron avanzar. Entonces comprendieron que Yahvé combatía en favor de los israelitas (Ex 14,24-25). Y cuando decidieron escapar, ya era demasiado tarde: el agua, que ya volvió otra vez a su lecho, los anegaba por completo. Y así fue como Yahvé terminó arrojando a los egipcios en el mar (Ex 14,27b).

En este segundo relato tampoco se habla de un cruce milagroso del mar. Los hebreos simplemente miran desde su campamento, sin moverse para nada. Y el milagro consiste sólo en la destrucción de los egipcios como consecuencia de las aguas, que primero se secan milagrosamente y luego regresan inundando a los perseguidores.

Esta segunda versión es la que aparece en la tradición más antigua de Israel. Así, por ejemplo, el canto que entona María, la hermana de Moisés, inmediatamente después del éxodo, dice: "Canten a Yahvé, que se cubrió de gloria; hundió en el mar a los carros y a los caballos" (Ex 15,21). María no menciona para nada el cruce del mar. Lo mismo vemos en el largo canto que entona Moisés luego de atravesar las aguas (Ex 15,1-18): no dice una palabra de que las hayan cruzado; sólo cuenta el hundimiento del ejército egipcio.

Finalmente tenemos una tercera versión, que es la que todo el mundo recuerda: la de las aguas que se abren por la mitad para que pueda pasar el pueblo con Moisés. Ésta es una ampliación, bastante exagerada, de la versión anterior, en la que se busca resaltar aún más el carácter espectacular del hecho, a fin de que sirviera en la catequesis para fortalecer la fe del pueblo.

Según este tercer relato, ante el clamor de Moisés (no ya del pueblo, como decía el anterior), Dios ordena a los israelitas que caminen en dirección al mar que estaba al frente, y a Moisés le dice que levante su bastón sobre las aguas (Ex 14,15-18). Al hacerlo, el mar se divide por la mitad y sus aguas forman una muralla a la derecha y a la izquierda del pueblo (Ex 21a.c). Los israelitas, entonces, pueden entrar en él sin siquiera mojarse los pies. Al ver a los hebreos atravesar el mar, los egipcios se lanzan ellos también en medio del mar, con sus caballos, jinetes y carros, para perseguirlos (Ex 14,22-23). Dios ordena entonces a Moisés que extienda nuevamente su mano sobre el mar (Ex 14,26-27a), y así las aguas vuelven a cerrarse sobre el ejército egipcio, de modo que todos perecen ahogados. Los israelitas, en cambio, pueden cruzar sanos y salvos al otro lado del mar (Ex 14,28-31).

En esta tercera narración la figura central es Moisés. Él es quien actúa con su bastón, dividiendo el mar por la mitad, y colocando luego las aguas en su sitio.

Vemos, pues, cómo el relato que tenemos en Éxodo 14 es en realidad un entretejido de tres versiones, cada una de las cuales cuenta su propio argumento y con su propia originalidad.

En la primera versión quien obra el prodigio es la columna de nube; en la segunda, es Dios mismo; en la tercera, es Moisés.

En la primera versión, lo que sucedió fue que los egipcios no pudieron ubicar el campamento israelita. En la segunda, se produjo una repentina inundación. En la tercera, el mar se abrió prodigiosamente para luego engullir a los egipcios.

En la primera versión la actuación de Dios consiste en el oscurecimiento de la visión enemiga. En la segunda, en la destrucción del ejército del faraón. En la tercera, además de la destrucción del ejército egipcio se narra el cruce milagroso del mar.

Pero entonces, ¿cómo fue el éxodo según la Biblia? No es fácil saberlo exactamente, porque los autores sagrados no pretendieron recordar hechos históricos, sino que presentaros las diversas tradiciones que tenían, entremezcladas en un solo relato. Lo que importa es saber que, cuando lo escribieron, su intención fue la de presentar aquel suceso como una señal del poder de Dios.

Milagro, a pesar de todo

Sin embargo, suponiendo que detrás de estas tradiciones pueda haber habido algún acontecimiento histórico, podríamos deducir lo que realmente pasó. Un grupo de antepasados de los israelitas aprovecharon una catástrofe nacional sufrida por Egipto (quizás alguna plaga que mató a los niños egipcios, pues el Éxodo habla del "ángel exterminador que pasó matando a los primogénitos"; Ex 12,29-30) y huyeron en dirección al desierto. Cuando los egipcios se dieron cuenta, se lanzaron a perseguirlos. Los hebreos, entonces, al llegar frente a uno de los brazos del río Nilo, y teniendo en las espaldas al ejército egipcio, comprendieron que estaban perdidos. Pero en ese momento sucedió algo extraño. ¿Qué fue? ¿Un fuerte viento del este, que levantó una nube de polvo y arena y ocultó a los hebreos (como parece decir la 1ª versión)? ¿Los hombres del faraón entraron en una zona pantanosa y se atascaron los carros (como parece decir la 2ª versión)? ¿Encontraron los hebreos un vado para atravesar, mientras los egipcios cruzaron por un lugar equivocado y algunos se ahogaron (como parece decir la 3ª versión)? Lo cierto es que el hecho fue considerado como una intervención divina, y así se conservó en el recuerdo de la tradición posterior.

Con el paso del tiempo, el relato del éxodo se transformó en el episodio fundamental y determinante de la historia de Israel. Y contado una y mil veces por los narradores hebreos, los detalles fueron variando y ampliándose, según los lugares y las épocas, de manera tal que adquirió distintos coloridos en diversas regiones.

Finalmente, un redactor inspirado por Dios, que conocía los diferentes relatos, los unió lo mejor que pudo, formando con ellos uno solo. Es el que se encuentra actualmente en el libro del Éxodo.

Dios siempre abre las aguas

La forma como podría haber ocurrido el éxodo es, en definitiva, poco importante. Lo esencial está en la convicción, que tenía el pueblo de Israel, de que contaban con la ayuda de un Dios capaz de liberarlo de toda posible esclavitud, de cualquier dependencia, y sometimiento. Si ya una vez Dios lo había hecho, podría hacerlo siempre.

¿Quién no sueña con ser libre? ¿Quién no ansía huir de las ataduras que lo oprimen (miedos, angustia, miseria moral, injusticias, compañías destructivas, dependencias políticas opresoras)? Todos suspiramos por alcanzar nuestra propia tierra prometida. Pero para ello no basta con hacer planes y proyectos. Hay que animarse a sortear los obstáculos que nos esperan, a romper con las fuerzas caóticas que amenazan tragarnos si nos liberamos. Y el relato del éxodo nos enseña que tales fuerzas siempre se doblegan ante el impulso de Dios. Que las aguas jamás engullen a quienes se guían por la providencia divina.

Es verdad que los israelitas, para dominar la fuerza de las aguas, supusieron la ayuda de un líder excepcional: Moisés. Pero ¿qué nos preocupa? Dios nos asegura que jamás faltará a nuestro lado la presencia de un nuevo Moisés, dispuesto a guiar a cuantos buscan la libertad. La figura de Moisés puede encarnarse en un libro, un amigo, una experiencia religiosa. Lo grandiosamente cierto es que Dios estará siempre muy cerca de nosotros, abriendo las aguas de quienes se dejan guiar por Él.

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